La Reinvención de John Kramer en SAW X (Greutert, 2023)

Estos pensamientos fueron escritos poco tiempo después del estreno de Saw X en cines nacionales, pero editados recientemente. Espero los disfruten.

Tras enfrentarse a una noche de horrores capaz de quebrar a cualquier persona sana, tres figuras emergen de las sombras para ser bendecidas por la luz del amanecer, motivo visual de su renacimiento. Un hombre enfermo de cáncer terminal que busca solidificar su legado en el mundo. Una mujer sobreviviente de los males de la adicción quien sueña con ser digna de tal legado. Y un niño a quien le espera todo su futuro por delante. 

Esta es la nueva entrega en la franquicia de El Juego del Miedo (Saw, en su idioma original), una historia protagonizada por John Kramer (Tobin Bell), el asesino Jigsaw, como la figura de un anti-héroe reivindicando al enfermo y al explotado.

Considero que para escribir de esta película primero es necesario describir lo que considero su posición dentro de la historia de la saga, además de mi perspectiva y experiencia con las entregas hasta el momento. Tengo, después de todo, una afición por estas películas.

Esto es necesario pues la película se enmarca como parte de un relato más grande, uno que constituye sus propios códigos, costumbres, expectaciones y lenguaje. Lo que podría ser normalmente una “buena película” (como quiera que definamos un término tan nebuloso) no necesariamente es una “buena Saw”, y viceversa. De hecho, muchas veces ese no es el caso, e intentar juzgar a una de estas películas desde tal posición sería perder el punto de lo que vemos.   

En su artículo para la revista digital Polygon (2023) el crítico de cine Siddhant Adlakha argumenta que gran parte del atractivo de la franquicia yace en su sentido de continuidad. Una entrega tras otra, las películas informan vacíos de sus predecesoras mientras abren la posibilidad de secuelas. Esto explica como una franquicia cuyo principal antagonista muere tan solo en la tercera película ha logrado perdurar en el tiempo. Así, el todo resulta mucho más significativo que la suma de sus partes.

Considero la idea de un “juego” como una buena descripción de la experiencia de seguir el desarrollo de la saga. Un juego, a veces frustrante, a veces gratificante, es una experiencia lúdica en que conocemos las reglas y nos involucramos en su desenvolver. Nuestro asesino favorito describe de sus trampas y desafíos como juegos, es ese mal amigo en las fiestas que te fuerza a jugar algo lo quieras o no. Pero más allá de ello, los instintos narrativos de la saga se guían sobre estos principios, en ese sentido, la idea de una “fórmula” sirve como estructura mediadora de nuestro disfrute.

El molde típico de una entrega en la franquicia, por lo menos desde la segunda película, es el de dos tramas que convergen en un giro, musicalizado por el inolvidable tema Hello Zepp (Charlie Clouser), en que se revela un fracaso mayor de parte de las víctimas del juego. La primera trama es el susodicho “juego”, una serie de desafíos mortales caracterizados tanto por la complejidad de las trampas involucradas, el exceso de sangre y sesos derramados, como juegos de palabras que incluso un papá encontraría insufribles. Todos estos desafíos estructurados en la forma de un escape room - rooms, en realidad - usualmente en un carrera contra el tiempo. Un laberinto de horrores reveladores de los pecados de sus “jugadores”. 

La segunda trama tiende a ser la perspectiva fuera del juego, usualmente la de policías investigando la serie de asesinatos, intentando incompetente e infructíferamente, atrapar al asesino. Ambos hilos convergen en un giro final que explícita la lección de cada juego, además de revelar las formas en que los involucrados han fallado en aprender de éste y se han condenado a sí mismos en el proceso. 

Los mejores giros dentro la franquicia se ciñen a los principios de la tragedia aristotélica. Para Aristóteles, la mejor agnición acompaña a una peripecia. Una desafortunada revelación cambia radicalmente nuestra perspectiva de las cosas cuando vemos que las acciones de nuestro protagonista no resultan como esperábamos. Es allí cuando se sella su destino, cuando la puerta se cierra y el juego… termina.

Por supuesto, a diferencia del protagonista aristotélico, los jugadores en cada entrega pueden ser personas bastante… horribles. No necesariamente, pero sí en más de una ocasión. El giro, por tanto, muchas veces no suscita sentimientos de compasión. Lo que sí inspira es una sensación de justicia kármica. Su derrota, resultado inevitable, determinado, por el error de sus acciones, su pecar. No puedo colocarlo en otras palabras más que decir que cuando funciona es muy pero muy cool. 

Un giro, por supuesto, tan solo puede ser tan efectivo como su construcción lo permite. Algo determinado por las mecánicas de la trama, una obsesión de parte de la franquicia. Recientemente, en Letterboxd me encontré con la siguiente entrada, escrita por @EstherOnFilm (Esther, 2021): “[…] Estos films son más porno de trama que de tortura”. Y es que, entre juegos de palabras y montaje, las películas nos intentan esconder desde un inicio la construcción de sus complejos - y más de una vez innecesarios - giros. 

La experiencia para el fan de Saw se vuelve lúdica en tanto entramos en una competición con cada film para ver quién puede anticipar al otro. ¿Será la película capaz de engañar a la audiencia? ¿O podrá ésta determinar el patrón en los entretejidos de su trama? Se rige sobre el fenómeno de la especulación que series de televisión como Lost (2004) y Westworld (2016) aprovechaban para cultivar la fidelidad de su fanbase. Lo que tiene sentido si entendemos sus redundantes secuencias de giro en términos similares a recapitulaciones de televisión, pero con diferentes propósitos.

Esta actitud se expande más allá de la trama dentro de cada entrega para considerar aquella entre éstas, construyendo un canon interconectado, que tal y como la misma entrada en Letterboxd señala, “se da cuenta mucho antes de la era de las franquicias que nuestros cerebros tienen un botón de cosas en diferentes películas están conectadas entre ellas de formas sorprendentes que es muy fácil de empujar.” Es el placer de la referencia por la salud de la referencia. 

Mientras las audiencias masivas pierden interés en franquicias como las de Marvel, la pequeña fanbase de Saw permanece fiel, quizás porque sabemos bien que no hay aspiración de prestigio dentro de nuestros juegos, sino una serie de ejercicios que pueden ser lúdicos tanto por lo ridículos que son como por lo divertido que es resolverlos. Todo esto en sincero involucramiento, uno en que ambas partes, creadores y audiencia, son conscientes del contrato. En otras franquicias el canon se transforma en una debilidad, en Saw una de sus mayores fortalezas. 


Tiermaker de la franquicia Saw: Saw, Saw VI y Saw X en la tier S, Spiral en A, Saw II y Saw III en B, Saw IV en C, Saw V en D, Saw 3D y Jigsaw en F
Tierlist personal de la saga (sujeta a cambios)

Por supuesto, como toda fórmula cinematográfica, el tiempo ha marcado variaciones en ella. Con el estreno de Saw 3D (Greutert, 2010) la historia de la franquicia original se dio por terminada, incluso si fue en una nota bastante insatisfactoria. Siete años después, el estreno de Jigsaw (Spierig, 2017) correspondió al primer intento de parte del estudio para revivir la franquicia, seguido por otro reboot más, producido por Chris Rock, Spiral: From The Book of Saw (Bousman, 2021). 

Mientras Jigsaw pecaba de una reverencia cuasi religiosa a la franquicia, que tristemente pierde su punto y termina añadiendo lore antitético al personaje de John Kramer. Spiral supone una desviación narrativa controversial, pero que yo doy por bienvenida: Una película de Saw centrada en un asesino copycat inspirado por John Kramer, pero que jamás interactuó con éste.

Como resultado tenemos un thriller policial sin un juego principal, centrado meramente en la búsqueda por el nuevo asesino (con alguna que otra escena de tortura entre medio). La primera (y única) película de Saw sin John Kramer, en que el pasado de la franquicia es irrelevante.

Independiente de la reacción que cada uno pueda tener con Spiral, es innegable lo ambicioso que resultaba el proyecto. Para muchos – y con buena razón - el código genético de la franquicia se encuentra en la performance de Tobin Bell como John Kramer, el asesino Jigsaw. Spiral, en ese sentido, es una apuesta, la de probar si la franquicia puede sobrevivir más allá de su presencia.

Esto nos conduce a la última entrega de la saga, Saw X (Greutert, 2023). Mientras Spiral es definido por la ausencia de Kramer, Saw X es todo suya. Ante la pregunta de cómo revivir una franquicia tan ensimismada por el peso de su pasado, cuya historia original se ha dado por terminada, la respuesta de esta película es que simplemente regresemos a éste.

Los sucesos de este film suceden, acorde a entrevistas a sus realizadores, unas tres semanas después de la primera entrega. John Kramer, desesperado en su lucha contra la enfermedad que lo carcome por dentro busca remedio en procedimientos alternativos que resultaron en una repugnante estafa. Herido por estos sucesos, y en compañía de su aprendiz Amanda (el retorno de Shawnee Smith a la franquicia), nuestro querido asesino decide colocar a los responsables en un juego para así “darles la oportunidad de renacer”.

Hace un par de semanas, el usuario @ghoulportal (Jack, 2023) subió una ilustración a sus redes sociales de lo que sería un juego entre Batman y Jigsaw. Entre los comentarios y citas a la publicación se conversaba la idea del personaje como “un villano de los comics en un mundo donde no hay superhéroes”. Esta lectura me hace mucho sentido, en particular en lo que corresponde al desarrollo de su figura a través de las películas. 

En la película original el asesino Jigsaw era un figura de la que se habla en rumores susurrados, casi una leyenda urbana. Para la segunda, el asesino llega a ser considerado una mente maestra, cuyos planes anticipaban cualquier intento de la policía por acabar su juego. 

Muerto, sus actos son transformados en una grandiosa narrativa para noticieros y revistas. Para sus aprendices, sin embargo, él se había transformado en un espectro que acechaba su presente. El asesino principal de Spiral, pese a nunca haber conocido a John Kramer, toma inspiración de su leyenda para continuar el juego a su propia manera. 

John Kramer habla en su ronca voz discursos grandilocuentes sobre moralidad y apreciación a la vida. Toma posición como una figura distanciada, respetuosa pero asertiva. Se expresa con convicción en sus creencias, como alguien que conociese las lecciones de la vida al revés y al derecho. Un conocedor de la mente humana siempre diez pasos delante de sus contrincantes. Una figura mítica, más grande que la vida misma. 

Pero la verdad detrás de este personaje es mucho más simple que todo lo dicho hasta ahora. John Kramer no es más que un niño enamorado de sus juegos.

Kramer es un absolutista moral. Un hombre que tan solo puede creer en blancos y negros. Un entrepeneur autoformado que no cree en iniciativas sociales, pues la salvación es definida por uno mismo para sí mismo. Es la clase de personaje que alguien escribiría después de leer Watchmen y pensar que Rorschach es una parodia demasiado sutil de los trabajos de Steve Ditko. No es sorpresa, entonces, que sus aprendices resulten ser personas enamoradas de la violencia, pues para ellos no hay diferencia entre reforma y castigo.

Nuestro asesino es una persona definida por la rabia. Él ve un mundo que injustamente le ha quitado su oportunidad para vivir, encontrando culpa en quienes derrochan lo que él considera una bendición. Para Jigsaw, el ser un fumador habitual basta para hacerte un candidato para sus juegos. De cierta forma, esta rabia es canalizada en un conducto particularmente revelador, uno que nos permite examinar e ironizar a través de sus trampas males tanto personales como societales. Males que en más de uno pueden generar merecida indignación.

Usualmente cada entrega dentro de la franquicia se dedica a uno de estas “enfermedades”, además de su proceso de expiación. La primera, una película cuya principal acción, como bien argumenta Matt Singer, es el acto de relatar, se centra en las mentiras que nos contamos a nosotros mismos. La segunda, protagonizada por un policía corrupto, en los males de la ira. La tercera en el dejar ir. La cuarta en la verdadera salvación. 

Estos temas son aterrizados en el conflicto de los jugadores principales de cada entrega: Lawrence Gordon (Cary Elwes) es un hombre en profunda negación sobre lo vacío que su vida, Eric Matthews (Donnie Wahlberg) un policía corrupto cuya rabia lo ha distanciado de su hijo, Jeff Reinhart (Angus Macfadyen) un padre obsesionado con obtener venganza por la pérdida de su hijo a manos de un conductor ebrio, y el oficial Daniel Rigg (Lyriq Bent) un hombre determinado a salvarlos a todos. 

Tanto Saw VI (Greutert, 2009) como Spiral deciden perseguir en su enfoque una crítica más institucional. El objetivo principal de sus críticas el propio concepto de los Estados Unidos de Norteamérica, a través de instituciones tan emblemáticas de éste como su corrupta fuerza policial y su corporativizado sistema de salud. 

Incluso las peores entregas dentro de la franquicia hacen esfuerzos similares, Saw 3D conjurando en su inicio lo que podría haber sido un interesante comentario sobre la industria mediática en Estados Unidos, mientras Jigsaw intentaba tematizar la idea de la expiación por medio de la confesión.

Nuestro asesino puede realizar – de vez en cuando - justos diagnósticos sobre los males que afligen tanto las vidas de sus víctimas como de las personas que ellas han victimizado. Sin embargo, esto no hace de sus juegos un acto verdaderamente moral, mucho menos uno de perdón y renacimiento. No es coincidencia que esta saga, cuyo antagonista es un hombre que justifica excesiva e inmerecida violencia a través de su falso sentido de superioridad moral, haya surgido en medio de la administración de Bush en los Estados Unidos. 

John Kramer, Jigsaw, es un hombre de violencia, no importa cuantas veces diga lo contrario. Las mejores entregas en la saga cuestionan sus motivos, además de la efectividad de sus métodos. Parte del atractivo de estos films es la forma en que discuten la moralidad de los personajes involucrados, con un espíritu crítico de todas las partes involucradas. Para ser un hombre que enemista tantos policías, Jigsaw se guía sobre un sentido de la justicia bastante similar al de ellos. Redención a través de la pérdida, sacrificio y castigo. A sus acciones no se les puede evitar escapar los grises que tan desesperadamente reniega para darle sentido a su vida.

Tweet por Cohen KING OF GHOSTS (@skullmandible): JIGSAW: all your life you've really drowned people to death in urine by being late all the time. VICTIM: boy I don't like where this is going

La última entrega de la franquicia sirve como una pieza antológica centrada en la relación entre Kramer y su estudiante Amanda. Una historia auto conclusiva que si bien se involucra en el canon, no lo interviene directamente. Lo que diferencia a Saw X del resto de las películas es su perspectiva, en tanto la historia no está narrada desde la posición de las víctimas de sus juegos ni de los policías que le persiguen, sino desde la del propio Kramer. 

De la misma forma en que previos juegos estaban diseñados para iluminar las falencias de sus víctimas, la nueva entrega llega a ser particularmente reveladora de las fijaciones y motivaciones de John, especialmente en los pequeños momentos. 

Tras recibir funestas noticias sobre su cáncer, John observa a un auxiliar ponderar si le quiere robar a un paciente en coma o no. Mientras lo hace la película nos ofrece un vistazo a su mente, una escena en que vemos la tortura de ese auxiliar dentro de los juegos de Jigsaw. Cuando el auxiliar decide respetar los bienes del paciente, John le felicita por tomar una sabia decisión. Tobin Bell realiza un excelente trabajo encarnando la rabia contenida de este personaje, para quien todo es personal.

El cambio de perspectiva transforma radicalmente la experiencia de ver Saw. La película deja de sentirse como un juego, puesto que ahora estamos en la posición dominante que conoce el detrás de escenas, más que un jugador somos un interesado voyerista. En ese sentido, el giro deja de importar tanto, lo que sirve para la ventaja de esta película, pues es de los menos interesantes en la franquicia. 

Nuestro involucramiento cambia, en tanto ya no somos ni sobrevivientes ni resuelve-puzzles, compartimos el interés de John, el de un hombre que, aunque está motivado por la rabia, genuinamente desea la redención de sus jugadores. Por supuesto, eso no nos impide disfrutar del gore y las ridículas maquinaciones.

Esto nos lleva a la siguiente transformación dentro de la experiencia. Más que un thriller estamos tratando con un drama, por lo menos en la primera hora del film. El conflicto de previas películas solía ser tanto físico como ideológico, los personajes meros dispositivos para empujar estos elementos. El enfoque de esta película deja de ser la trama, lo que importa ahora son los personajes y su experiencia emocional. 

El absurdo de la franquicia es aterrizado en la sentimentalidad de un personaje forzado a confrontar su muerte. Hasta cierto punto ambos tonos chocan, pero diría que es para bien, pues nos permite humanizar a los personajes sin perder la esencia de la franquicia. Lo que hace que escenas como la del auxiliar me sean causa tanto de algo de risa como de pena. Obtuve una reacción similar de Napoleon (Scott, 2023), otro retrato desmitificante de una figura que tiende a ser presentada como más grande que la vida.

En ese sentido, al colocarnos en su perspectiva, John Kramer se desviste de la máscara del mítico asesino Jigsaw para revelar a un hombre en busca de paz. Clave dentro de esta película son los momentos en que creyendo haber derrotado al cáncer decide dejar ir de sus juegos, de su identidad como Jigsaw, contento en su vida. 

Por cursi y sobre-sentimentalista que sean sus interacciones con el pequeño Carlos (Jorge Briseño), quien le enseña un poco de español mientras nuestro ingeniero le repara la bicicleta. La escena funciona por la sinceridad dispuesta por todas las partes involucradas, en especial Tobin Bell, quien humaniza a John al demostrar genuino cariño en momentos como éste. Las escenas que comparte con Shawnee Smith me resultan conmovedoras pues funcionan como una especie de despedida entre personajes que bien podrían ser padre e hija. Pues más importante que su legado, el personaje de Amanda aprecia a John. La película es desvergonzadamente sentimentalista y la admiro mucho por ello.

Quizás mi mayor queja es que la historia está tan centrada en la perspectiva de su protagonista que también es bastante parcial a sus horrores. La película deja atrás el sentido de ambigüedad de las previas entregas para ofrecernos una versión simplista del bien y el mal, colorada a partir de la visión de nuestro heroico asesino. 

Podemos evidenciar esto mediante el trato de la película hacia los jugadores y sus perspectivas. Otras entregas nos permiten acompañarles en su viaje y los dilemas correspondientes, en ésta la perspectiva es exclusivamente la de John, Amanda y el pequeño Carlos. Como tal, los jugadores terminan siendo o lastimosas víctimas, quienes se ganan nuestra simpatía pero no nuestra compasión, o viles villanos que encarnan nuestros peores impulsos. No es coincidencia que la muerte de los primeros sea instigada por las palabras y acciones de los últimos. 

Si bien John es un hombre imperfecto, la película no lo trata así por los crímenes monstruosos que comete, sino por los errores personales a los que su desesperación le ha empujado. Esta simpleza, sin embargo, también contribuye al raro encanto de la película. ¿Cuántas veces hemos visto dramas sentimentales protagonizados por asesinos seriales? ¿Películas que nos permiten empatizar con las aflicciones de un hombre aceptando su muerte mientras lo vemos torturar gente?

Para el final, habiendo superado sus errores de juicio, y derrotado al verdadero mal dentro de esta historia, nuestro asesino favorito se encuentra con un nuevo amanecer. El futuro pareciera brillante tanto para nuestros protagonistas como para sus historias. Por mi parte, estoy contento de que una serie así de caótica siga viva e interpretada con una sinceridad capaz de conmoverme. Un gusto ser un fan del juego del miedo.

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